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En lo que ya se conoce como "la madre de todas las batallas diplomáticas", Estados Unidos y Gran Bretaña podrían lograr que la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU apoye una nueva resolución sobre Irak, incluso si Saddam Hussein se deshace de algunos misiles, opinaron expertos.
Una vigorosa contraofensiva diplomática llevada a cabo por Alemania, Francia, China y Rusia, demandando más tiempo para las inspecciones de armas en Irak parece contar ahora con amplio apoyo en la ONU y en el público, pero podría ser desinflada pronto por el propio presidente iraquí o los expertos de la ONU.
"Mi punto de vista es que ya hay actualmente más ‘sí’ (a favor de la nueva resolución presentada por Washington y Londres) de los que uno puede apreciar a simple vista", dijo John Chipman, director del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.
Una prueba esencial para el rumbo futuro de las cosas será esta misma semana, cuando Seddam Hussein tiene que decidir si obedece o se rebela contra el jefe de los inspectores de armas de la ONU, Hans Blix, quien le exigió que comenzara a destruir los misiles Al-Samoud 2, que los expertos determinaron sobrepasan el alcance permitido por la organización internacional.
Si Hussein mantiene su oposición a destruirlos, hasta las naciones que se oponen fervientemente a una guerra contra Irak, como Francia, probablemente aceptarán que Bagdad no ha cumplido con las resoluciones para su desarme.
Pero incluso si Hussein destruye los misiles delante de las cámaras de la televisión, funcionarios estadounidenses y británicos consideran que los inspectores tienen suficientes pruebas de que Irak no ha cumplido las exigencias de la ONU para apoyar su caso cuando Blix presente su informe al Consejo de Seguridad el 7 de marzo.
GRAN BRETAÑA. Aunque el apoyo en la ONU para una acción es considerada vital para el primer ministro británico Tony Blair, Chipman expresó que su liderazgo sobreviviría a varios resultados diferentes, incluyendo ir a la guerra a pesar de un veto de Francia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
El líder británico enfrentó con éxito ayer una rebelión de decenas de miembros de su propio partido en el Parlamento. Los legisladores votaron 434-124 en favor de una propuesta patrocinada por el gobierno que exhorta a Saddam Hussein a aprovechar una "última oportunidad" de cumplir con las demandas del Consejo de Seguridad.
Asimismo rechazaron por 393-199 una enmienda de que "el argumento en favor de una acción militar contra Irak no ha sido fundamentado todavía". Los analistas políticos consideran que su imagen podría verse fortalecida tras una guerra exitosa en que los propios iraquíes celebrarían la caída de Hussein.
FRANCIA. Para ser aprobada, la nueva resolución presentada ante el Consejo de Seguridad requiere nueve votos a favor y ningún veto de los cinco miembros permanentes del Consejo: Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, China y Francia.
Diplomáticos europeos afirman que el presidente de Francia, Jacques Chirac, quien ha encabezado la oposición a una posible guerra en Irak, ha quedado con muy poco margen de maniobra y su país tendría que apoyar la resolución o abstenerse, en vez de utilizar el veto, un arma diplomática de calibre muy grueso que siempre genera secuelas.
También ayer en el parlamento francés, el primer ministro Jean-Pierre Raffarin, debió moderar entre las posiciones pacifistas de varios partidos, y el temor de otros sectores a que la fuerte pugna con Estados Unidos sea perjudicial para la posición del país.
"No excluimos ninguna hipótesis" en el Consejo de Seguridad, afirmó Raffarin, en la cámara de los diputados, en respuesta a los llamamientos de la izquierda al uso del veto y a las fuertes reticencias o incluso el rechazo total de miembros de la mayoría conservadora al mismo.
El ex primer ministro Alain Juppé, en este último grupo, aseguró ayer que "la diplomacia francesa ha sabido evitar hasta ahora la torpeza hacia la cual algunos la empujaban y que sin duda la habrían aislado: esgrimir a contratiempo su derecho de veto".
Los expertos opinan que Estados Unidos cuenta con obtener el apoyo del presidente ruso, Vladimir Putin, quien intenta llevar adelante una relación lo más positiva posible con Washington, y persuadir a China para que se abstenga, dejando a Francia en la incómoda posición de ser el único poder de veto.
La mayoría de los diplomáticos dudan que París se arriesgue a vetar sólo la resolución, debido al daño potencial que haría a su propia doctrina de que en la ONU debe primar la opinión de la mayoría.
Sin embargo, algunos advierten que una respuesta agresiva de Francia ante lo que percibe como una intolerable hegemonía estadounidense no puede ser descartada completamente.