Un Consejo de Seguridad profundamente dividido deberá decidir el 10 de marzo sobre las acciones futuras de ONU con respecto a Irak.
Hoy, Irak anunció que destruiría sus misiles Al Samad 2 en lo que fue interpretado por el jefe de inspectores de desarme de ONU como una buena señal. Hans Blix delcaró que de concretarse la destrucción, Irak se "acerca a un desarme verdadero".
Obiviamente, tal situación hará que el informe que Blix presente al Consejo de Seguridad será más positivo de lo que se prevía. Sobre ese informe, el Consejo -único organismo capaz de llevar a Naciones Unidas a una guerra- debe decidir qué hacer con Irak.
De los miembros permanentes del Consejo -con derecho a veto-, Estados Unidos y Gran Bretaña, impulsan una nueva declaración que habilita a desarmar a Irak por la fuerza.
En cambio, Francia, China y Rusia, los restantes miembros permanentes, son partidarios de dar más tiempo a los inspectores de armas antes de recurrir a las armas. De hecho, en la jornada de hoy, Rusia anunció que vetará la resolución de EE.UU. y Gran Bretaña. Concretamente, el canciller Igor Ivanov delcaró: "Estamos dispuesta a vetar en las Naciones Unidas un proyecto de resolución de Estados Unidos y Gran Bretaña sobre Irak si con eso se protege la estabilidad internacional".
Los diez miembros rotativos del Consejo, que tienen en él un mandato de dos años en representación de distintas regiones, también tienen posiciones divididas. España y Bulgaria apoyan la nueva resolución impulsada por Estados Unidos. Alemania y Siria consideran que hay que continuar con las inspecciones. México y Chile apoyan una propuesta canadiense (Canadá no integra el Consejo) de dar más tiempo a los inspectores pero estableciendo plazos concretos para avanzar en etapas hacia el desarme. Camerún, Angola, Guinea y Pakistán aún no definieron su posición.
Para que una resolución sea aprobada en el seno del Consejo, necesita el apoyo de 9 de los 19 miembros y además, que ninguno de los miembros permanentes la desapruebe.