EDWARD PIÑON
El reloj del tablero de la Colombes ya había empezado a avanzar con mayor celeridad. Los minutos eran segundos y el final se venía encima.
La hinchada hacía rato que castigaba cada pase mal entregado, cada pelota perdida y cada retroceso en la cancha.
Los pasos de Sebastián Eguren eran perseguidos por una ráfaga de silbidos. A Daniel Carreño le vociferaban cambios y hasta le sugerían que tomara otro destino.
Entonces, apareció él. El mismo que había tratado de encontrarle la vuelta al partido con un juego simple y práctico: toco, voy, genero y busco el espacio. Minuto 70’ y ¡pum! Todos salvados. Julio Rodríguez metió un taponazo formidable que dejó clavado en la línea del arco a Emilio Haberli. Golazo por donde lo mire: por la forma en la que el volante le entró a la pelota, por la trayectoria impactante del balón y por el lugar donde se metió. Golazo y punto: Nacional 1 - River Plate 0 y eso fue todo.
Del resto ni comentarios. Porque ni uno ni otro fueron capaces de llegar con riesgo al área del rival. Ni siquiera cuando lograron hilvanar una buena combinación por las bandas, porque jamás se culminó con criterio esas acciones. Y en ese rubro el que más falló fue el tricolor, en especial por la banda derecha que explotó el camerunés Angbwa Benoit. Es que el africano hizo todo bien hasta que tuvo que cerrar la jugada. Ahí fue absolutamente ineficiente: o la tiró a cualquier lado o la reventó contra un adversario.
Al equipo de Fernando Morena le pasó algo parecido. El buen dominio de Adrián Sarkisian y hasta el manejo de Carlos Diogo murió en las puertas del área. Tanto que Gustavo Munúa casi que no tuvo trabajo, acaso algún centro y nada más.
La alarma en el estadio, lo que provocó el enojo de la parcialidad de Nacional, es que para el tricolor los tres puntos eran sumamente importantes para calmar las aguas y ni siquiera hubo una exposición que se cargara de vértigo. Por el contrario, lo de Nacional fue demasiado lento, anunciado y muy opaco. El único que dio la sensación de entender cómo había que hacer para ganar fue Julio Rodríguez, quien apareció con soberbios pases cruzados para la entrada de Benoit.
Por otra parte, al tricolor no le salió nada. Ni la entrada de Horacio Peralta le pudo cambiar la cara a un ataque que prácticamente no existió, porque ni Alejandro Mello ni Gabriel Alvez tuvieron grandes posibilidades de enfrentar al arquero Emilio Haberli, en virtud de que fueron muy bien controlados por los zagueros Moncecchi y Pallas.
Ganó Nacional. La gente abandona el Centenario y el silencio en el Parque Batlle se siente. Da la impresión de que el grande hubiese perdido. Es que el zapatazo dio la victoria, pero no llenó el alma del hincha porque el fútbol sigue sin aparecer.