Kinshasa | EFE. El inicio del despliegue en el conflictivo nordeste de la República Democrática de Congo (RCD) de una nueva fuerza de paz, dirigida por la Unión Europea (UE), fue recibido hoy con un nuevo estallido de combates interétnicos.
No pasaron ni 24 horas entre la llegada el viernes a Bunia de la avanzadilla de la fuerza de paz de la UE, vitoreada por los miles de refugiados concentrados en el aeropuerto, y la reanudación esta madrugada de los combates en la ciudad, tras tres semanas de calma.
Los milicianos de la etnia lendu, expulsados de Bunia el 12 de mayo por los hema de la Unión de Patriotas de Congo (UPC) tras la retirada una semana antes de sus patrocinadores de Uganda, volvieron al ataque y lograron tomar posiciones dentro de la ciudad, según la ONU.
Los nuevos combates, con morteros además de armas automáticas ligeras, impulsaron a muchos residentes de Bunia, capital de la región de Ituri, a volver a refugiarse en el cuartel de los soldados uruguayos de la misión de observadores militares de la ONU (MONUC).
Al mismo tiempo, a unos 30 kilómetros al sur de Bunia, los milicianos hema del Partido para la Unidad y Seguridad de la Integridad de Congo (PSUIC) tuvieron que hacer frente a ataques de los combatientes lendu y ngiti recién infiltrados de Uganda.
Los nuevos combates prometen aumentar aún más el flujo de refugiados en la zona.
Desde la retirada a principios de mayo, en cumplimiento con los acuerdos de paz, de los 6.000 soldados ugandeses desplegados en la zona de Ituri, unos 50.000 personas adicionales han huido de sus hogares, mientras que sólo en la capital de la región, Bunia, han muerto entre 400 y 500 civiles.
La fuerza de la UE, encabezada por Francia y que previsiblemente tendrá contingentes de países de fuera de la UE, como Sudáfrica, condicionó su despliegue al visto bueno de Uganda, que respalda a los lendu, y de Ruanda, que apoya a los hema.
El consentimiento de estos países a la llamada "operación Artemisa", autorizada el jueves pasado por la UE y el viernes por la ONU, se consiguió sólo a raíz de las presiones diplomáticas de Estados Unidos y otras potencias.
La UPC, dueña de Bunia desde hace tres semanas, indicó en un principio que lucharía contra cualquier intervención francesa, pero pronto rectificó, presuntamente tras recibir las indicaciones correspondientes de Ruanda.
El líder de la UPC, Thomas Lubanga, ofreció hace un par de días retirar el grueso de sus combatientes de la ciudad, para tomar posiciones a una distancia de por lo menos 20 kilómetros, ante la llegada de 1.400 a 1.700 efectivos de la operación Artemisa.
Los integrantes de la fuerza dirigida por la UE se suman a los 700 militares de la MONUC, casi todos uruguayos, ya desplegados en Bunia pero que cuenta con un mandato restringido que les ha impedido hacer frente eficazmente al conflicto interetnico.
Lubanga reconoció hoy que los lendu, del "Frente de Resistencia Patriótica de Ituri", habían lanzado una ofensiva, en la que cayeron proyectiles cerca del cuartel de la MONUC en Bunia, pero insistió en que los ataques habían sido repelidos.
"Nosotros mantenemos nuestras posiciones", declaró a emisoras congoleñas.
La portavoz de la MONUC, Rosine Nana, dijo que alrededor de 500 milicianos lendu entraron en la madrugada en Bunia.
El primer centenar de integrantes de comandos franceses y británicos de la nueva fuerza multinacional siguieron acantonados en el aeropuerto y no se inmiscuyeron en los combates, según Nana.
La rebelde Agrupación Congoleña para la Democracia (ACD/Goma), apoyada por Ruanda, exigió la retirada inmediata de la milicia lendu de Bunia y advirtió que la fuerza europea "no debe mezclarse en las cuestiones políticas congoleñas y en el proceso de paz global".