Miércoles 1 de marzo de 2006 | Año 88 - Nº 30372
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FERNANDO MATTOS | Presidente de la Asociación Rural del Uruguay
"El Mercosur tiene un discurso hipócrita sobre el libre comercio"
El productor y dirigente rural sostiene una visión crítica sobre el futuro del Mercosur y advierte sobre la necesidad del sector privado de buscar horizontes más estables.

LAUREANO BUTTENBENDER

Cómo se observa desde la Asociación Rural que dos de los rubros en los que Uruguay es modelo en el Mercosur, como son la carne y el arroz, tengan que sacar su producción por mar porque no pueden transitar por el territorio de sus socios del bloque?

—Esta situación se ve con mucha preocupación y escepticismo con respecto a lo que fue planteado hace prácticamente 15 años tras la firma del Tratado de Asunción. Aquello que se soñó de hacer un área de libre comercio donde la unión aduanera estaba como objetivo, lo que implica la libre circulación de bienes y servicios sin el pago de cualquier tipo de arancel y trabas arancelarias o pararancelarias, ha caído por tierra y estamos en un franco retroceso si se toman en cuenta las acciones de cada uno de los países como Estado o como unidad de cada nación. Es decir que hay acciones de carácter nacional que impiden la circulación, hay otras de carácter provincial o estadual, y dentro de poco los propios municipios van a establecer trabas propias desconociendo las instancias superiores de decisión

—¿Cómo se genera esta situación?

—Acá hay una conducta que fue aceptada y permitida por los distintos estados miembros que ha dado lugar a que grupos de presión o de interés, que son menores frente a un marco general de integración, impongan su voluntad contradiciendo los objetivos centrales del tratado de Asunción. Por otra parte, es una marcada contradicción que se genera, porque en la medida que nosotros vamos a los foros internacionales, como la Organización Mundial de Comercio (OMC) y otros foros de la Organización de Naciones Unidas, el Mercosur tiene un discurso permanente e hipócrita de pregonar el libre comercio internacional, y no predica con el ejemplo cuando una vez que todo lo que nosotros aspiramos que se aplique a nivel internacional no lo hacemos a nivel regional. Hoy estamos en un mar de imposiciones. Por un lado las trabas al arroz, por una medida del legislativo de Rio Grande do Sul, por otro lado las Medidas de Adecuación Competitiva (MAC), que es un eufemismo jocoso que se ha inventado en esta jerga internacional para establecer nuevas trabas al comercio, absolutamente contradictorias con los objetivos del Mercosur, ya que en lugar de liberalizar el comercio establecemos otros mecanismos de proteccionismo que fueron aceptados en un acuerdo bilateral entre Brasil y Argentina, absolutamente violatorios de los acuerdos internacionales y de todos los objetivos que pregonamos hacia afuera. Además tenemos los temas vinculados a Argentina que desde el punto de vista sanitario se llega al absurdo que un país que está ocasionando problemas en la región, ya que no pudo defender su estatus sanitario y está perjudicando a sus países vecinos en la circulación de mercaderías que son susceptibles a aftosa pero que no ofrecen ningún riesgo para su rodeo ni para su población ya que son mercaderías en tránsito hacia Chile. Por otra parte, ni que hablar de los trastornos y dificultades del bloqueo económico impuesto por algunos ciudadanos argentinos con la complicidad y la connivencia del estado argentino que permite los bloqueos de ruta sobreponiendo el interés de unos pocos al interés colectivo de la región que establece claramente la libre circulación de bienes y personas.

—Ante este escenario, ¿qué se debe hacer?

—Esto apunta a aniquilar todo proceso de integración y de establecimiento de una región integrada. Estos son actos muy característicos de países que no están maduros para asumir una posición de integración, en la cual —evidentemente— no se pueden contemplar todos los intereses. Lo que tiene que primar es el interés de la mayoría, por lo que dar lugar a que algunas corporaciones o grupos de interés puedan sobreponerse a la gran proporción de los ciudadanos de la región, es elegir el camino equivocado. En definitiva a lo que esto apunta es a que exista una corriente de opinión cada vez más importante que está aliada a la teoría de que la integración con el Mercosur no es un objetivo interesante, o que está siendo contraproducente, y esto motiva que muchos actores de los países pequeños (Uruguay y Paraguay) que lógicamente sufrieron las asimetrías durante todo el proceso y que, además, no han tenido los países líderes las sensibilidad de contemplar esas condiciones, lejos de buscar un equilibrio lo que han hecho es traer inestabilidades en la región en función de sus vaivenes económicos, sus debilidades institucionales y políticas que impactaron en toda la región.

—¿Que lectura se hace de esto?

—La lectura es que en función de esa realidad, nosotros como representantes privados del Mercosur, entendemos que la integración, muy bien, que siga adelante, pero nosotros debemos de buscar otros horizontes más estables con mejores condiciones de expansión del comercio. En la década de 1990 hubo un diseño muy claro de establecer un sistema estratégico de crecimiento en base a la región. Una vez que se desarrolló, que ofreció en forma muy importante entre 1991 y 1998, se derrumbó todo y realmente hubo enormes dificultades para salir de esa situación, dada la dependencia comercial que se había establecido y que las reglas de juego de los países se cambiaron drásticamente. Acá estamos lejísimos de una integración y lo que se necesitan son medidas de coordinación en macroeconomía, en política tributaria, en política de tipo de cambio y de comercio. Las contradicciones están a la vista. Uruguay como integrante de la región postuló el año pasado a un candidato a la secretaría general de la OMC en la persona de Carlos Pérez del Castillo y Brasil no tuvo mejor idea que postular un candidato propio que fue rápidamente descartado dado su bajísimo respaldo a nivel internacional. Esto fue suficiente para que el Mercosur no pudiera acceder al máximo cargo de dirección de la OMC cuando todos los países anunciaron, y siguen pregonando, la importancia de la liberalización del comercio. Tampoco el Mercosur tuvo capacidad suficiente de coordinación a nivel internacional para mantener un candidato del Mercosur al frente del Banco Interamericano de Desarrollo, resultando electo un colombiano para ese cargo. Creo que acá no hay una suficiente conciencia de madurez en la región y, en definitiva, cuando surgen dificultades Brasil y Argentina toman en reuniones bilaterales las decisiones que deberían discutirse en el seno del Mercosur. Esto muestra que en vez de un liderazgo hay una intención y manifestación de un procedimiento de ejercer la autoridad y el poderío económico sobre los países menores que, en vez de ser socios de integración, es como si fueran pequeños países anexos dependientes de las resoluciones que emiten Buenos Aires o Brasilia.

—La similitud de simbologías políticas en la región, ¿no alentó otro futuro para las relaciones regionales?

—Creo que se alimentó esa esperanza, pero hay que entender que los gobiernos responden también a intereses políticos o económicos, por lo que las identidades ideológicas quedan por el camino cuando esos intereses son afectados. Yo creo que de cierta manera en forma ingenua se pensó que la identidad ideológica podría facilitar el camino de la integración y efectivamente eso no se dio. Por lo tanto, la integración no debe depender de los gobiernos y sí adoptar con madurez y con conciencia objetivos de largo plazo en el marco de políticas de estado que deben estar en la discusión de todos los integrantes de la sociedades para que tenga validez. Otro aspecto que hay que resaltar del Mercosur es su enorme debilidad institucional. No existen organismos de controversia, por más que se haya intentado. Si le preguntamos a los ciudadanos quienes son las autoridades del Mercosur, el 99% no va a saber contestar cuales son, ni para que sirven, ni que utilidad tuvieron.



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