FERRY DE octubre a Gabriola, novela sin terminar de Malcolm Lowry (Gran Bretaña, 1909-1957), editada por su viuda y publicada por primera vez en 1970, tiene como hilo conductor el viaje de Ethan y Jacqueline Llewelyn, un matrimonio treintañero y enamorado, hacia la pequeña isla Gabriola, en los estrechos de la Columbia Británica, donde piensan comprar una casa. En el transcurso del viaje, Ethan repasa culpas del pasado, en particular su papel en el suicidio de un compañero de universidad, y la historia de la pareja, caracterizada por la pérdida o destrucción de todos sus hogares, uno de los cuales (una solitaria cabaña a orillas de los estrechos) fue para ambos una especie de paraíso.
Malcolm Lowry proyectó una obra narrativa vasta y ambiciosa que, a causa de sus impulsos autodestructivos, estuvo lejos de completar. El poderío y la riqueza de su gran novela (Bajo el volcán, 1946), las posibilidades que apuntan en sus textos inacabados y lo que se sabe de sus proyectos, lo señalan como uno de los escritores relevantes del siglo XX.
Como es usual en Lowry, el texto inconcluso que acaba de reeditarse se mueve en dos mundos superpuestos, uno aparente y trivial, en el que un matrimonio viaja en busca de un hogar definitivo, y otro oculto, en el que Adán y Eva vagan por la tierra intentando purificarse de sus culpas mediante el amor y recuperar el paraíso del que fueron expulsados. A lo largo de su vagabundeo y de su viaje final a Gabriola, el mundo oculto se manifiesta mediante señales de todo tipo (personajes ambiguos, anuncios publicitarios, incendios, fenómenos meteorológicos, etc.), cuyo significado Ethan intenta descifrar. La densidad de signos y alusiones a imágenes y conceptos del arte, la religión y el ocultismo es tal que, al igual que en Bajo el volcán, los personajes y los ambientes, aunque realistas y descritos con precisión y detalle (y en muchos pasajes con poderoso aliento poético), resultan curiosamente traslúcidos. Las fuerzas que mueven a los Llewelyn están detrás de ellos, en un trasfondo metafísico cuya estructura básica, marcada a fuego en la mente de Lowry, es cristiana, más precisamente dantesca. Para Dante, claro, el infierno, el purgatorio y el paraíso podían ser vinculados a reglas cuya violación o cumplimiento en vida ocasionan castigos y recompensas bien definidos después de la muerte. Los Llewelyn, en cambio, como el Cónsul en Bajo el volcán, deben encontrar su camino hacia el autoconocimiento y la sabiduría, el "camino del alma", en el mundo de todos los días, en el que las reglas deben ser descubiertas. Sólo que, a diferencia del Cónsul y a pesar de los esfuerzos de Lowry (que trabajó, con intermitencias, diez años en esta novela), los Llewelyn nunca las descubren. La sobreabundancia de símbolos, de episodios erráticos o traídos de los pelos y la inconsistencia de los personajes muestran claramente que Lowry, a quien la composición de una novela nunca le resultó fácil, no tuvo tiempo de entender del todo su propio material. No obstante lo intentó, de modo que el texto rebosa de exploraciones, muchas de ellas estupendas en sí mismas, aunque no se integran en un todo coherente y creíble. Porque es más que un documento y menos que una novela, probablemente este libro será valorado en forma muy diferente por quienes no han tenido contacto previo con la obra y los proyectos de Lowry y por quienes sí lo han hecho y desean más. Salvo contadas excepciones, a los primeros les resultará insoportablemente aburrido e inconexo. En otras palabras, lo que siente cualquier lector ante un texto al que todavía le falta mucho trabajo de escritura y de comprensión del tema por parte del autor. Los lectores que hayan leído a Lowry, por su parte, no dejarán de ver los defectos de este largo borrador, pero es probable que sientan, ante los numerosos pasajes que parecen terminados (o que son tan hermosos que cualquier otro que no fuese Lowry los hubiese considerado terminados), que Ferry de octubre… iba en camino de ser algo tan bueno como Bajo el volcán.
FERRY DE OCTUBRE A GABRIOLA, de Malcolm Lowry. Tusquets, Barcelona, 2007. Distribuye Urano. 397 págs.
Jorge Gutiérrez