ECOLOGÍA
CONSPIRACIONES TÓXICAS. Cómo atentan contra nuestra salud y el medio ambiente los grupos empresariales, de R. Carrasco, M. Jara y J. Vidal. MR ediciones, 2007. Madrid, 384 págs. Distribuye Planeta.
NO ES un libro ambientalista más. Si bien sus páginas analizan las consecuencias negativas del desarrollo tecnológico para la Naturaleza en general y la salud humana en particular, Conspiraciones tóxicas puede ser leído también como un extenso e ilustrativo capítulo de manual de sociología. El aporte más interesante es su abundante información acerca de cómo se constituyen, cómo funcionan -bajo qué fachadas- los grupos de presión o lobby que defienden intereses empresariales. El uso de alimentos transgénicos, las emisiones electromagnéticas, la energía nuclear, las industrias químicas, y las prácticas que han contribuido a alterar el clima del planeta, son puestos en el foco. Pero el lector interesado por estos temas debería también tomar nota de lo sofisticado que es hoy el ejercicio del "cabildeo".
Quien tenga en mente al protagonista del film Gracias por fumar, aquel hábil representante de empresas tabacaleras, se queda corto. Estudios de abogados, agencias de publicidad, empresas de relaciones públicas y organización de eventos, constituyen hoy en día verdaderos "gabinetes estratégicos". Sin declarar su verdadero rubro constituyen parte de la variada oferta de servicios que permiten presionar sobre los políticos, y sortear los altibajos que puedan estropear los negocios de sus clientes. Los nombres de las empresas especializadas en el arte del lobbying son consignados en forma rigurosa y llenan párrafos enteros del libro. Las definiciones no se hacen esperar. Citando el Diccionario de uso del español de María Moliner, los autores recuerdan que "lobbying" es un "grupo de presión que intenta influir en los legisladores para que favorezcan sus intereses". Pero en cierto sentido, este tipo de accionar va mucho más allá, pues intenta predisponer en su favor a la opinión pública o desarticular a quienes se opongan a los intereses empresariales, con diferentes artimañas.
Los autores combinan bien su formación y su experiencia para lograr una obra contundente -aunque no exenta de defectos. Debe advertirse que algunos fenómenos tratados en Conspiraciones tóxicas se dan por sentados, sin matizar ni relativizar. Es el caso del "síndrome de microonda o enfermedad de las radiofrecuencias", o la intransigencia respecto del uso de la energía nuclear, o la manera imperativa en que da por demostrado el 100% de lo que suele oírse sobre el "cambio climático". En éste último tema, por ejemplo, sería interesante consultar un panorama diferente en http://www.rebeliondigital.es/prensaextranjera/La_gran_estafa_del_Calentamiento_Global.htm.
A. C.
MUJERES DESCONOCIDAS DEL PASADO MONTEVIDEANO, de Milton Schinca, Montevideo, 2008. Ediciones de la Banda Oriental, 92 págs.
AUNQUE ES POETA, dramaturgo y autor de una novela, Milton Schinca es famoso, sobre todo, por ser el autor de Boulevard Sarandí, una obra en cinco tomos -hoy reunidos en un solo volumen de algo más de 500 páginas- que conoció varias publicaciones entre 1976 y 1997.
Mujeres desconocidas del pasado montevideano (1999) no es un libro muy distinto de aquellos que lo precedieron. Su rasgo diferencial es, precisamente, que se ocupa de las mujeres, o de lo femenino, y seguramente a esa especificidad obedece la oportuna reedición en marzo de este año. Cuando llega el mes de la mujer, todo lo que tiene faldas multiplica su pertinencia.
La cosa arranca con María Carrasco, menos valerosa que resignada pionera llegada a estas costas en 1726, en un grupo de treinta y pocas personas de las cuales más de veinte eran criaturas. Schinca presenta a María Carrasco, y luego toma su voz para expresar el sentimiento de desolación que debió sentir aquel puñado de adultos al enfrentarse al paisaje desierto en el que tendrían que armarse algo como una vida familiar, o una existencia civilizada.
María Carrasco es una de las desconocidas con nombre propio, pero muchas otras protagonistas de estas crónicas son, además de desconocidas, anónimas. Algunas se recortan por su función (madre o esposa de alguien notorio, esclava, modista), mientras que otras son apenas parte del retrato hecho a los apurones por algún viajero, o de las anotaciones en archivos y publicaciones antiguas.
Como las fuentes son ricas en hechos pero pobres en el testimonio directo de las protagonistas que se busca rescatar, Schinca recurre en forma frecuente al recurso de hablar por ellas (si es que "hablar" puede usarse en el caso del monólogo interior, o del discurrir silencioso del pensamiento). Ello produce un efecto de repetición: todas parecen pensar sobre sí mismas y sobre sus circunstancias de manera semejante, sin distinción de época, condición social ni experiencia vital. Todas reflexionan del mismo modo, aunque defiendan posiciones divergentes y tengan perspectivas distintas.
Pero lo más chocante del libro es que el autor no puede sustraerse al tono de época (una elección estilística, no un mero contagio involuntario). Por ello la escritura se vuelve profusa en comillas, adjetivos revenidos, observaciones picantonas y comentarios descacharrantes que terminan por resultar todavía más anacrónicos cuando se quieren modernos o irónicos.
De todos modos, Schinca tiene un público fanático que con seguridad valorará este rescate de las olvidadas primeras pobladoras de Montevideo, y lo sumará gozosamente a los otros volúmenes de crónicas que, en forma injusta, han opacado la actuación del autor en otros géneros.
S.P.
Crónica
¡CUIDADO CON EL CULANTRILLO!, de Magdalena Helguera, Ilustraciones de Sebastián Santana. Ediciones Trilce. Montevideo, 2008. Distribuye Gussi. 133 págs.
ES DIFÍCIL lograr que una historia sea verosímil, y más en el género de literatura para jóvenes. Pero la trama de la novela ¡Cuidado con el culantrillo! lo logra: está enmarcada en una realidad uruguaya muy bien representada por una familia de clase media baja que se va de vacaciones, una joven que debe trabajar como niñera para festejar su fiesta de quince, y otras situaciones provocadas por la crisis económica del 2002.
La autora forma parte de la corriente de escritores para jóvenes que huye de la tendencia a la pedagogía grosera. Intentan provocar la reflexión con menos artimañas y más sutileza. Irrumpen en el clima jovial de la historia las alusiones y pensamientos enriquecedores sobre la poliomielitis, la clonación o el embarazo adolescente, todos insertos en un diálogo dinámico. P
Pero el problema no reside ni en la calidad del texto ni en la narración, que son excelentes. El tema es la incoherencia entre formato y contenido: no es un libro para niños y es común que aparezca con su tapa ambigua en los estantes de literatura infantil, pero sin categorización alguna. Un equívoco que puede plantear situaciones incómodas a niños menores de once años. Debería ocurrir en el mundo real lo mismo que en la ficción de Helguera, en el que la separación entre niños, adolescentes y adultos es muy neta. Ese apartheid inherente al crecimiento se enfatiza cuando Danilo, de doce años, le dice a Julián, adolescente de quince: "te estás pareciendo a los adultos: prometen, prometen, y la mayoría de las veces no cumplen". Con una minúscula etiqueta con rango de edades en la tapa bastaría para cumplir.
Menstruación, relaciones sexuales, Viagra y preservativos son titulares ampliamente desarrollados. La amiga de Leticia le sugiere que en estas vacaciones conozca "muy profundamente" a Julián, y en esa misma conversación Leticia afirma que "el problema no está en lo que la chica se ponga sino en lo que se saque, y también, como cualquiera sabe, en lo que su novio se olvide de ponerse". Justamente, no cualquiera sabe.
E.W.
Adolescentes