FELIPE POLLIERI
SEGÚN leí está de moda, en los altos círculos bonaerenses, despreciar a Cortázar. Sí: en mi humilde opinión, junto con el grasa de Arlt y el finoli de Borges, Cortázar fue y será uno de los grandes cuentistas del siglo XX. Podrán discutirse sus novelas (aunque Rayuela e, incluso, las otras tienen fragmentos maravillosos); pero su altura como cuentista, tanto en calidad como en cantidad, no entiendo cómo puede ser motivo de debate, aunque la politiquería literaria siempre encuentre un motivo.
Pero hoy quisiera hablar de otro cuentista argentino. Hoy quiero elogiar, amistades aparte, porque no tengo el gusto de conocerlo, a Gustavo Nielsen. Porque leerlo es un alucinado viaje, muchas veces brutal, al otro lado de las cosas. Aparentemente realista, con un estilo propio en donde nada sobra ni falta, Nielsen se las arregla para que el mundo conocido empiece a mutar, a fracturarse, a volverse más extraño página a página, hasta desembocar en otra cosa: en un universo que funciona con muy otras, siempre poéticas, a veces horrorosas, invariablemente sorprendentes y verosímiles, leyes que el nuestro. Un poeta, un artista realmente inspirado, ajeno al aburrido trámite de la cuentística habitual, debe ser leído y con urgencia: Playa quemada y Marvin no son imposibles de conseguir en las librerías de Montevideo, por más que casi todo sea imposible en este mundo.
También pueden leer o releer a Cortázar, disponible en las "librerías de usados" y en las librerías de la avenida 18 de julio. Pero para quienes ya leyeron y releyeron a Cortázar, está ese poeta llamado Nielsen. Es un escritor bien considerado, por ahora, en los altos círculos bonaerenses. Digo: para los que siempre necesitan la bendición paterna.