DESCONSTRUCCIÓN Y PRAGMATISMO, de Simón Crichley, Jacques Derrida, Ernesto Laclau, Richard Rorty, Compilación de Chantal Mouffe, Paidós, Buenos Aires, 2005 (2ª reimpresión). Distribuye Planeta. 170 págs.
LOS AUTORES, cuyas intervenciones compila y comenta Chantal Mouffe, se encontraron el 29 de mayo de 1993 en el Collège International de Philosophie de París para participar en un simposio sobre "Desconstrucción y Pragmatismo", organizado por la propia Mouffe.
El promisorio panorama de libertad económica y nuevas tecnologías potencialmente democratizadoras que se había abierto en los años 90 hacía necesario poner los puntos sobre las íes. Las preguntas que se hacían eran: ¿Cuál sería el lugar de lo político en un mundo que había dejado de oscilar entre dos polos? ¿Qué formas debería tener la acción política en ese nuevo contexto en el que parecía haber lugar para todos? Y sobre todo: ¿La filosofía tenía algo para decir que fuera relevante para la política?
No todos los invitados al simposio estaban de acuerdo en ese último punto. Para Richard Rorty, la filosofía no tendría nada que hacer en el debate político. Rorty considera que debe distinguirse la cosa pública de la cosa privada, y que, mientras la política pertenece a la primera, la filosofía (así como la literatura) pertenece al ámbito de lo privado. Los otros, con Derrida y la deconstrucción como barco insignia, defienden la idea de que la reflexión filosófica es imprescindible para el pensamiento político.
El simposio del año 93 se proponía echar luz sobre la cuestión de si, finalmente, no habría, entre el pragmatismo de Rorty y la deconstrucción postulada por Derrida, más puntos de contacto que de divergencia. La idea de una proximidad entre la deconstrucción y el pragmatismo no es descabellada. Ambas corrientes, junto con la hermenéutica, criticaron conceptos tales como la universalidad, el origen y la metafísica de la presencia.
Sin embargo, la gran omisión del libro es que posiblemente la palabra "política" no admite una traducción directa al inglés. Posiblemente lo que un norteamericano entienda por política esté, efectivamente, mucho más cerca de una negociación en el ámbito de lo público que del "proceso de institución de lo social", tal como lo plantea Ernesto Laclau. Para él, como para Derrida (aunque sus intervenciones no son exactamente coincidentes) la política es una operación que permite al sujeto pensarse en relación a los otros. Es la operación mediante la cual uno puede entenderse como miembro de un grupo, o como no-miembro de ese grupo, al que considera avasallante y hegemónico, pero que le enseñó las herramientas que le permiten pensarse.
Aunque todo el libro -que se publicó por primera vez en español en 1998, cuando todo esto todavía era parte de un debate caliente- parece un intento fallido por convencer a Rorty de que es bueno para la democracia ser deconstruccionista, tiene la ventaja de ofrecer, en textos breves, algunas de las nociones que han sido centrales para la filosofía política en los últimos tiempos: representación, hegemonía, contingencia, y universalidad.
S. P.