Carlos Rehermann
EN EL MUNDO cristiano la figura del Arquitecto fue identificada con Dios, tanto en su función de proyectista como en la de conductor del equipo de artesanos. Según el etimólogo Joan Corominas el término "arquitecto" proviene de una expresión griega que significa "el primer obrero" o "el primer hacedor". Frescos y miniaturas muy tempranas muestran a Cristo empuñando un compás que señala el mundo. La tradición medieval, de la que la masonería extrae sus principales símbolos y su estructura organizativa, contempla agrupaciones de albañiles (trabajadores de la piedra y el ladrillo), vidrieros, herreros y carpinteros. De todos ellos, la masonería eligió a los albañiles.
El término español "masonería" es una copia fonética de las palabras "maconnerie", en francés, y "masonry", en inglés. El macon francés y el mason inglés eran albañiles que trabajaban las piedras con las que se construían las grandes catedrales de Francia, Alemania e Inglaterra a partir del siglo XII.
Otto von Simpson explica que la gran fachada de la catedral gótica hace referencia a la puerta de Jerusalén, y por lo tanto es símbolo de la entrada a la Jerusalén Celestial. El Templo de Salomón era, para los constructores medievales, el punto de arranque tanto de la idea de catedral como de los propios oficios de la construcción. Salomón y su arquitecto Hiram forman parte de la imaginería básica de la masonería. Quizá en la elección de los albañiles de la piedra haya una serie de confusiones etimológicas y simbólicas; en todo caso no resulta claro por qué la masonería especulativa se llama en realidad francmasonería (en inglés freemasonry, y en francés francmaconnerie).
Según el medievalista Jean Gimpel, la palabra albañil designaba a tres clases de artesanos: los que extraían los bloques de piedra de las canteras; los que los tallaban al pie del edificio, con destino a un hueco específico en la pared; y una tercera clase (cuya jerarquía no se distinguía de los primeros en aquellos tiempos): los escultores, autores de intrincadas columnas helicoidales, capiteles de fantástica frondosidad y retratos de santos y demonios. Nuestra manera de concebir la figura del artista, hija del Renacimiento, nos hace hoy inaceptable que un tallador de piezas cúbicas tenga la misma categoría que un escultor; en aquellos tiempos, ambos eran "albañiles de piedra suelta", en oposición a los albañiles de cantera. En inglés se los llamaba freestone masons. En francés, macon de pierre franche. El freestone mason pasó a llamarse, en las listas de pagos, por comodidad, freemason.
Para algunos, el prefijo "free" o "franc" no hace referencia a la piedra tallada sino al estatus social de los trabajadores. Una regla feudal bastante respetada aseguraba a los siervos que escapaban de su amo que si vivían un año y un día en una ciudad, quedaban liberados de la servidumbre. Los obradores de las catedrales eran buenos lugares para encontrar trabajo y refugio. Un buen artesano era cobijado en las logias (los cobertizos de herramientas, lugares de reunión y zonas de trabajo invernal), lugares a los que estaba prohibido entrar si no se pertenecía a la comunidad de artesanos.
Cuando en Gran Bretaña las logias comenzaron a aceptar miembros que no eran albañiles, y a llamarlos, con cierta deliberación en el error, freemasons, a Francia pasó el término como francmacon.
Orígenes e influencias. W. Kirk MacNulty es un veterano masón autor de varios libros sobre la Orden. Acaba de publicar Masonería. Símbolos, secretos, significado, libro de lujoso formato que incluye 386 ilustraciones, la mayoría a color, muchas inéditas. Es una meticulosa exposición de temas masónicos, aunque con el cuidado de no caer en una profundidad de análisis que pueda alejar a los legos; la idea del autor parece ser la de atraer simpatizantes a través del equilibrio entre vistosidad y filosofía.
Dice que es sencillo definir la francmasonería: "Es una organización fraternal seglar, tradicionalmente abierta sólo a los hombres. Promulga los principios de la moral y fomenta la práctica del amor fraterno y caritativo entre todas las personas, no sólo entre los masones. No es una religión, sino una sociedad de hombres religiosos en el sentido que exige que todos sus miembros crean en la existencia de un «Ser Supremo»".
Explica que la manera de funcionar de la masonería es insólita: "Comunica sus enseñanzas a través de una serie de dramas rituales denominados «Grados» y con el uso de una estructura elaborada de símbolos que procede en gran parte de las herramientas y las prácticas del oficio de constructor".
La Logia es la unidad básica de la organización; puede tener entre veinte y doscientos miembros, y es responsable ante una Gran Logia, de las que hay en general una en cada país. El reconocimiento mutuo de las grandes logias se funda en el concepto de "regularidad", es decir, en el hecho de aceptar una serie de reglas comunes para todas las logias del mundo. Pero la diversidad cultural ha hecho que en la práctica algunas logias hayan intervenido en política o admitan mujeres (asuntos ambos que les quitarían "regularidad").
Los orígenes legendarios de la francmasonería se remontan a los Misterios de Egipto, Roma y Grecia, e incluso a la construcción del Templo de Salomón. Como se trata de una organización ordenada en torno a un conjunto de símbolos, las historias y los hechos míticos sobre su origen deben interpretarse en clave simbólica. El asesinato del arquitecto del templo de Salomón, Hiram Abiff, por ejemplo, se señala a veces como el origen de la Orden, pero no es razonable interpretarlo como un hecho histórico. La Cábala (probablemente por su relación con la alquimia durante el Renacimiento) y la Orden de Rosacruces son mentadas también como fuentes de rituales o estructuras masónicas. Lo más probable, sin embargo, es que muchas órdenes, grupos místicos y fraternidades se hayan fundado a imagen de la masonería, o por simpatía con sus principios.
Historia y símbolos. En 1717 se fundó la primera Gran Logia, en una taberna de Londres ("The Goose and Gridiron Ale House"). La Gran Logia resultó de la reunión de cuatro logias preexistentes, de las que se sabe poco. En esos tiempos se reunían en tabernas, los lugares públicos bajo techo más apropiados para hacer asambleas. Con la difusión y crecimiento de la Orden las reuniones pasaron a locales específicos llamados Templos.
El rápido crecimiento en todo el mundo de ese espacio de tolerancia religiosa hizo que la Iglesia Católica percibiera a la masonería como una amenaza para el dogma y prohibiera a sus fieles la participación en la Orden, por una bula de 1738 que excomulgaba a los francmasones. Quizá a los ataques de la Iglesia y de algunas otras organizaciones se deba la mirada suspicaz con que muchas personas observan a la masonería, cuyas reuniones no son más secretas que las de cualquier agrupación privada.
Para los no masones la simbología de la Orden, multiplicada por países y potenciada en cada uno por las logias privadas, es un laberinto de sincretismos. Al conjunto básico de símbolos de la construcción hay que añadir muchos otros cuyo significado es incierto incluso para los masones. Por ejemplo, una letra G que se suele colgar en los Templos, para algunos significa Dios (God) y para otros, Geometría. Al parecer, mucho más importante que lo que simboliza cada uno de los objetos del Templo es el hecho mismo de simbolizar. La gran cantidad de actores que son y han sido miembros de la masonería, dice MacNulty, puede explicar la abundancia y teatralidad de los rituales.
Los Hermanos (miembros de la Logia) usan un delantal que representa la ropa de trabajo del artesano. En el delantal, como se da cuenta al detalle en varias páginas del libro de MacNulty, están inscritos los símbolos del Grado. Tras pasar los tres grados originales, el iniciado se convierte en Maestro Masón. A partir de allí se abre el universo de los llamados Altos Grados de los cuales Henry Coil, autor de la Enciclopedia masónica, enumera más de mil. Los diferentes grupos asumen distintas simbologías y rituales, pero el llamado Rito Escocés es el más conocido: tiene 33 grados y fue el que más influyó en las dramatizaciones de numerosas logias europeas.
La lectura de Masonería enriquece el acervo de imágenes del lector, al punto de poder reconocer numerosas señales en su entorno cotidiano (en forma de prendedores, bordados de corbatas y otros elementos decorativos) relacionadas con esta hermandad.
MASONERÍA. Símbolos, secretos, significado, de W. Kirk MacNulty. Electa, Barcelona, 2006. Distribuye Sudamericana. 320 págs.