Poesía
DIARIO DE ELEUSIS, de Arnaldo Calveyra. Adriana Hidalgo editora. Buenos Aires, 2006. Distribuye Gussi. 68 págs.
EN ELEUSIS, cerca de Atenas, hubo en la antigüedad un templo de Deméter, diosa de la tierra. Los iniciados participaban allí de un "culto de misterios", mucho más vitales y sentidos que las ceremonias de la religión oficial. En este libro Arnaldo Calveyra pone bajo la figura del viaje a Eleusis el retorno al propio origen, a la tierra y al tiempo de la infancia. El momento de la partida es la vejez, con lo que implica de conciencia de muerte cercana: la búsqueda del origen es, de algún modo, el intento de salvar el pasado. Así es posible intuir, antes de que el autor lo revele, cerca del final, que Eleusis también es Mansilla, Entre Ríos, donde naciera Calveyra en 1929.
Este dramaturgo, ensayista, narrador y poeta está radicado en Francia desde 1961. Como Cortázar, de quien fuera amigo personal, o Juan José Saer, Calveyra es un autor que dice la Argentina desde la distancia. Pero no es geográfica la distancia determinante en Diario de Eleusis, sino temporal: no es necesario estar exiliado del propio país, sino de la infancia, para comprender que este libro también habla de uno. En consonancia con ese retorno al origen, la musicalidad de este largo poema en prosa se basa en el paralelismo, en la repetición de estructuras que, con sutiles variaciones, van construyendo progresivamente un sentido. Muchos de estos ritornelos son preguntas en las que se expresa una apuesta a que la palabra y el regreso al origen sean un modo de permanecer y recomenzar, de transformar la noche en madrugada.
La palabra poética trata de fijar lo pasado en presentes simultáneos, pero no intenta anular lo terrible. Así, tras recordar el incidente en que una niña es emperifollada para un paseo en el que un perro la herirá de muerte, Calveyra escribe que "Si ambos sucesos aceptan ser simultáneos, contemporáneos, compatibles con un presente, al interior de este momento presente de la página, si el tiempo acepta permanecer en presente, irá perdiendo uno a uno sus pliegues", lo que implica perpetuar el instante feliz, poniéndolo a salvo de la desgracia, sin que por ello esta última desaparezca en el olvido.
El tono serio del libro no excluye el rescate de lo lúdico infantil ("Niño viejo viruejo de picopicotuejo de pomporerá") ni los chispazos de humor lúcido y ácido.
No es un texto de fácil lectura. La reiteración, con modificaciones que las amplían y precisan, de muchas de sus imágenes, impone constantes vueltas atrás. En estos cotejos es que se va construyendo y revelando el sentido del poema. Sentido rico y profundo que recompensa el compromiso del lector.
J. de M.
Educación
DOCUMENTOS DE IDENTIDAD. La construcción de la memoria histórica en un mundo global, de Mario Carretero, Paidós, Buenos Aires, 2007. Distribuye Planeta. 328 págs.
EN EL ÁMBITO docente Carretero es tan conocido como Jean Piaget. Es autor, entre otros libros, de Enseñanza de la historia y memoria colectiva (2006). En Documentos de Identidad, la investigación linda con varias disciplinas, y ese carácter fronterizo es aprovechado por el autor para inyectarle la amenidad propia de algunas de las áreas involucradas. Eso permite compensar la inevitable aridez de otras: la historia se indaga junto a la enseñanza de la historia, la epistemología junto a la psicología, la construcción tanto intelectual como afectiva de los contenidos de los programas de la escuela y el liceo junto a las consecuencias sociales y políticas de la educación tradicional en un mundo global. Por otra parte, las ilustraciones están muy bien elegidas, y van desde un cartel del Estado griego oponiéndose a la independencia de Macedonia, o refieren a la polémica del retiro de los niños héroes en el estudio de la historia de México, hasta la ceremonia de la bandera en la provincia argentina de Jujuy. La irracionalidad de esas y otras prácticas se advierten mejor "desde afuera" y preparan el camino para advertir las propias simplezas o deformaciones en la enseñanza de la historia patria propia.
El libro incorpora ejemplos de la enseñanza de la historia en todo el mundo, pero con especial énfasis en países como Argentina, México, Alemania, España, Estados Unidos y Japón. La preocupación central de Carretero apunta a los efectos negativos que podría tener la enseñanza de las historias nacionales, en tanto suelen tender a una actitud emocional y hostil con otros países, como condición elemental de la propia identidad.
En la Unión Europea el problema adquiere una relevancia práctica inesperada: es imposible continuar con las narrativas escolares que exaltan a los propios héroes mientras se demonizan a los de los vecinos, y al mismo tiempo encontrar las raíces comunes de tolerancia y respeto mutuo que hagan viable un proyecto continental. Pero sería ingenuo hoy en día, según el autor, sostener una noción de ciudadanía cosmopolita similar a la que postuló la Revolución Francesa, porque se partiría de una falsedad: basta mirar las escandalosas desigualdades del planeta. "Ni la postura patriótica ni la cosmopolita pueden hoy satisfacernos", sostiene Carretero (pág. 308). "La mayoría de los analistas actuales de la educación -por ejemplo Delval, Postman, Savater-, coinciden en destacar la importancia de una cultura de paz y entendimiento ciudadano que permita comprender al otro. En ese objetivo suelen estar de acuerdo todos los agentes educativos de la mayoría de los países. Sin embargo, no lo están en lo referente a cómo se lo lleva a cabo y con qué contenidos" (pág. 28).
El inteligente prólogo del catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, José Álvarez Junco, logra decirlo de un modo más neto, y casi preferible a las fermentales incertidumbres de Mario Carretero: o se suprime la historia en la escuela, y se enseña una nueva asignatura denominada, por ejemplo, "Mitos y leyendas patrias", o se educa a todos en el "paradigma ilustrado" que también tiene mucho de mítico, pero por lo menos en principio no excluye a nadie del festín global.
A. C.
Novela
EL AÑO QUE TAMPOCO HICIMOS LA REVOLUCIÓN, del Colectivo Todoazen. Caballo de Troya, 2005, Barcelona, 365 págs.
EL PRÓLOGO del texto es una extraña petición de derechos que oscila entre la idea tradicional de ficción y su negación. No parece bueno negar lo que se asevera. A esa ambigüedad se le suma una andanada contra la transitada virtud de la originalidad narrativa unida a la autoría personal del producto. La razón es sencilla: la novela -que en rigor no es novela- es colectiva y además, anónima.
"Esta novela ya está escrita, nos hemos limitado a editarla. Vivimos inmersos en un flujo continuo de narraciones que leemos con mayor o menos atención pero que nos recorren de modo insoslayable y conforman nuestras subjetividades individuales y colectivas". El asunto entonces es la realidad y la realidad está esencialmente en la prensa. Esa es la fuente. La ficción copia a la realidad. La realidad editada por el Colectivo Todoazen es la española comprendida entre mayo de 2004 y mayo de 2005. Son compendios de noticias relevantes que los autores se han empecinado en bautizar con el rótulo de novela.
Las noticias elegidas pretenden demostrar que sólo cierto adormecimiento colectivo producto del consumismo más feroz, puede explicar la pasividad social española. Las causas objetivas para la revolución están allí pero nadie parece comprenderlo. En rigor, las cifras son atroces. "Un 0,16 % de los contribuyentes españoles posee el 27,5% de los depósitos del sistema bancario, según una estimación del BBVA a partir de datos del Ministerio de Hacienda de 2001".
Otro asunto es que esta catarata de informaciones deba ser considerada una suerte de ficción por el simple hecho de mostrar un panorama que no se conoce, o se conoce a medias, o se narcotiza con las hazañas de la princesa Letizia y su buen talante con el pobrerío. No hay novela entre otros motivos porque a cada capítulo que se corresponde con un mes del período abarcado, le sigue un escolio en donde figuran autores de la talla de Elias Canetti, Rosa Luxemburgo o Bertolt Brecht, que explican lo que la supuesta ficción no puede por ser sólo un ejercicio de exposición de injusticias en un país supuestamente desarrollado y modélico.
Una pena que el formato atractivo al mercado termine adoptando las reglas que critica, mezclando justa indignación con cierto esnobismo al uso. El Colectivo Todoazen está individualizado con las iniciales de sus integrantes que confiesan ser un economista, un sociólogo y un escritor.
Á. O.