Yendo al meollo: se trata de una novela breve, rara, rica. La acción jugada en dos planos (la vida de la protagonista, que es escritora, y un relato que no logra terminar y del que se insinúa que refleja traumas de su existencia "real") apunta a varios temas y líneas argumentales que deja abiertos, no sólo como intrigas no resueltas sobre las que luego fantasee o especule el lector, sino también como diversos sentidos posibles del texto.
La narración se desarrolla en una ciudad francesa (Larrañaga reside en París desde 1976) en la que está radicada la protagonista, que es uruguaya. Su carrera de escritora y su situación económica no marchan nada bien, tanto que se mantiene trabajando de "figurante" en distintos tipos de producciones y eventos. Vive sola y sufre de variados problemas de salud, que el lector puede suponer psicosomáticos. Para matar dos pájaros de un tiro, acepta trabajar para la Dra. Marnin, una terapeuta alternativa, que le paga por ser su paciente perfecta, cumpliendo a rajatabla el tratamiento y anotando con absoluta precisión la evolución de los síntomas.
El método de Marnin, de modo peculiar, adolece del mismo "defecto" que suele achacársele a la medicina tradicional: no ser holístico, integral. Pero en vez de ver a su paciente como un conjunto de síntomas sin personalidad, Marnin se va para el otro extremo: busca el "meollo" de la persona, restándole importancia a los propios síntomas, de los que, sin embargo, exigirá un registro minucioso, y anteponiendo la búsqueda y hallazgo del tal "meollo" a la curación de la enfermedad. El resultado es que la terapeuta, obsedida en hallar una esencia que acaso ni exista, termina ignorando a la persona tangible que tiene enfrente. Más aún, hay bastantes indicios de cuál sea el "meollo", indicios que la paciente capta y la terapeuta descarta sin mayor análisis.
Pero no es éste el único tema: tanto en la vida de Marnin, como en la de la paciente y en el relato que la obsesiona y no puede concluir, abundan las conspiraciones, que Larrañaga esboza pero no explica.
Esta novela corta, que ganó el 2º Premio Narradores de Banda Oriental en 2007, puede leerse como una metáfora de la soledad o de la paranoia a la que puede llevar la soledad. También como una ironía hacia las terapias alternativas y el dogmatismo de algunos terapeutas. Pero primero que todo eso y haciendo posibles esas lecturas, es una historia bien contada.
J. de M.