Este libro, con apariencia de cuaderno de notas, recoge las aventuras de dos amigos, Fúser y Mial, escritas por este último. Ambos son argentinos y recorren América Latina en motocicleta, durante las doradas épocas del primer peronismo. Fúser tiene 23 años y Mial 29. Mial, que es bioquímico, planifica el viaje seducido por la literatura de denuncia social del escritor peruano Ciro Alegría. Sin embargo, Mial parece tener más obsesiones que planes. Un destino, un trayecto y poca cosa más. Fúser es un estudiante avanzado de medicina que ya ha servido como enfermero en algún viaje anterior. Es asmático, empecinado, sensible. Si bien Mial tiene ciertos atisbos ideológicos marxistas, la crónica no deja de mostrar las aventuras de dos jóvenes de clase alta.
Como todo libro de viajes escrito por un aficionado sin pretensiones literarias, describe acontecimientos más importantes para los actores que para los lectores. Que Fúser mate a un perro fox terrier de un balazo, porque en la noche lo confunde con un puma, no parece un suceso digno de registro. A este panorama un tanto vacilante, debe agregarse que el libro posee dos prólogos y una introducción distantes 50 años de los hechos narrados y en donde se deslizan algunas apreciaciones anacrónicamente funcionales.
Fúser es una apócope de "Furibundo Serna", apellido adjetivado por cierta tendencia a la furia en la práctica del rugby de Ernesto Guevara de la Serna. Fúser también es "el Pelao" o Ernesto aunque en el prólogo a la edición argentina ya se lo llama Che Guevara. Mial es "Mi Alberto", nombre con el que Fúser designa a Alberto Granado, el autor del diario de viaje.
El lector tiene todo el derecho del mundo a preguntarse si la edición de este diario, sin ninguna calidad literaria, escrito al calor del viaje, con malas reproducciones fotográficas y soberanamente aburrido, hubiese tenido alguna trascendencia de no estar el futuro Che incluido en él. Si la convicción ideológica o la militancia más honesta son motivos suficientes. Si no suena a guiñada para la tribuna encontrar en un muchacho que intenta formarse una idea del mundo, el germen de la solidaridad revolucionaria de los 60. Si en definitiva todo el asunto -película incluida- no es otra manera de escamotearle al muerto la conducta que, en el acierto o en el error, asumió. Si todo esto no es un trapo más colgado de una tribuna repleta de "barras bravas" que envilecen lo que pretenden sacralizar.
Á.O.