El punto de vista que adopta el argentino Sergio Olguín en esta novela es el de un muchacho de barrio. Desde la elección del lenguaje, a las situaciones descritas, nada hay aquí de literatura con citas eruditas. Un suburbio de Buenos Aires produce esta historia de chicos que crecen y se los traga la mafia, historia de jóvenes que buscan sobrevivir en una Argentina ultracorrupta y desvencijada.
El periodista y agitador cultural Sergio Olguín elige realismo a ultranza para contar esta historia, una trama casi policial de escape del suburbio al centro y retorno del centro al suburbio. Realismo, por ejemplo, para crear una pareja de jóvenes que necesita mil dólares para hacerse un aborto. Francisco y Mariela llegan desde Lanús y pisan la Argentina que no les pertenece. El lector da un paseo por el centro de Buenos Aires junto a esos personajes con mil dólares excepcionales en el bolsillo. Los acompaña desde la clínica de abortos a los comercios luminosos y céntricos donde se vende todo lo que ellos jamás pudieron comprar.
Otro chico, Adrián, diseñador gráfico, intenta escapar de la desocupación (que siempre amenaza) y deambula derrotado entre una novia intelectual con la que vive peleando, una secretaria siempre al borde del sexo sin que nunca caiga en él, y una prostituta capaz de hacer de guardaespaldas. Adrián recuerda su infancia y adolescencia en Lanús, la barra de amigos, los favores que debe a pesar de los años, los programas de televisión de los años 70. Hace mucho, demasiado tiempo, que no tiene nada que ver con todo ello... hasta que recibe una llamada telefónica, tal vez desesperada.
Lanús es una historia que incluye olores. Por ejemplo el de un guiso de osobuco que prepara la misteriosa novia del amigo muerto que de pronto se queda un par de días en la casa de Adrián. O sabores: gin tonic, vermut, cerveza, alcohol degustado en una mesa de boliche de barrio donde se fraguan estafas y asesinatos. Incluye música: bailanta, pero también los viejos temas de Adriano Celentano y de Iva Zanichi, en un registro retro que la novela sin duda tiene.
Y hay también mucha adrenalina, porque la posibilidad de que corra sangre es inminente en un mundo donde el Estado hace papilla al individuo a través de la sucia policía.
Novela amena, que también podría ser leída por sus propios personajes de barrio, sin que se aburrieran. Cien por ciento argentina, acaba de ser reeditada en Barcelona, donde sus localismos hasta pueden ser un atractivo adicional.
A. B.