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Lunes 01.12.2008, 19:25 hs l Montevideo, Uruguay
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Economía y Mercado

Las siete plagas que nos invaden

JORGE CAUMONT

San Juan -o Juan, simplemente-, habla en el libro del Apocalipsis, de las siete plagas postreras tras las cuales viene el fin del mundo. Hoy otras siete plagas -al menos, y esperemos que no sean las anunciadas por Juan-, se han ensañado con nuestro mucho más amplio mundo que el del apóstol, o del Juan que lo escribe. Copas de la ira de Dios -como él las calificaba-, parecen haberse volcado sobre la economía mundial. Pese a los efectos depresivos que irradian, ellas no son las postreras -las del fin del universo- pues lejos están de dar por tierra con el régimen capitalista. Dejarán magulladuras, lastimaduras y heridas graves a numerosas naciones. Pero a la larga, la historia continuará y los aspectos que, como alguien dijo, "traicionaron" a la economía de mercado serán, una vez más, solo motivo de recuerdo. Desde agosto de 2007, los contagios de los problemas han ocurrido a partir de múltiples mecanismos de transmisión de los acontecimientos iniciados en Estados Unidos. Algunos países vienen demostrando defensas desarrolladas para enfrentar las plagas; otros, carencia absoluta de ellas y muchos ponen en juego blindajes parciales con resultados variados. Pero es indudable que la crisis mundial golpea y lo seguirá haciendo, en las puertas de todas las naciones del mundo. Uruguay no puede abstraerse de ella. Algunas plagas ya han llegado y no podemos decir que sean las únicas o que no se agudizarán sus efectos.

LAS PLAGAS. La primera de las plagas es la caída de la demanda mundial que golpeará sobre la producción y sobre los precios. Los países desarrollados que son los más abiertos al comercio -Estados Unidos y los de la Eurozona- reducen su demanda por commodities, por insumos intermedios y por bienes finales. Otros menos abiertos, como Japón, también la disminuyen debido a su recesión. El comercio mundial será afectado seriamente por la declinación de esas naciones que la propagan al reducir sus compras. El resultado incuestionable debe ser una disminución generalizada de la producción y un aumento del desempleo en los países proveedores. Uruguay no quedará al margen de ello. Tanto directamente por la menor demanda mundial como indirectamente por el contagio a la regional, sentiremos los efectos. Los productos que elaboramos o producimos serán menos demandados y mayor será entonces, la competencia que tendremos de nuestros competidores en terceros países.

La segunda de esas plagas es corolario de la anterior. Ante la menor demanda sobre una capacidad instalada que ha venido creciendo en estos últimos años en el mundo y, aunque menos, también en nuestro país, los precios se contraen y ello genera problemas adicionales sobre la producción y el empleo. Nuestros productos agrícolas y pecuarios ya viven una reducción que en algunos casos supera al 50% del de su mejor momento, en el segundo trimestre de este año, y que en otros, cualquiera sea el precio, no son recibidos o son rechazados por pasados compradores. Los productos "estrella" -soja, maíz, trigo, arroz y lácteos- además de los tradicionales -carne, lana, cuero- enfrentan una situación muy diferente a la del primer semestre. La tendencia se ha revertido agudamente como también la de los precios industriales -textiles, productos químicos, productos metálicos básicos y no metálicos- que también se han deslizado por la banquina del valor, lo que desestimula en muchos casos, la continuidad de la producción.

La tercera de esas plagas es de naturaleza financiera y así como lo anterior tendrá consecuencias adversas y producirá déficit mayores en el comercio de bienes y de servicios (turismo) de nuestro país; también la reversión de posiciones en activos financieros en moneda local que venimos presenciando en los países en general y en los emergentes en particular, ya ha provocado súbitas presiones bajistas del valor de las monedas locales de esos países y también en el nuestro. El desmantelamiento de las posiciones asumidas a través del "carry trade" -endeudarse en monedas de baja tasa de interés para adquirir activos en monedas de mayor tasa, generalmente en los países emergentes- es lo que provoca la salida de capitales tan importante en nuestra región latinoamericana y en nuestro país en particular. El dólar se aprecia, más aún el yen y se debilitan las restantes.

La cuarta plaga que azota al mundo económico y financiero, es la retracción del crédito internacional ante la necesidad de sus proveedores de asegurar su liquidez bancaria para minimizar el riesgo de la desconfianza de los ahorristas e inversionistas financieros. La acción natural de las instituciones bancarias es desde hace ya tiempo pero con singular intensidad desde septiembre pasado, asegurar su liquidez ofreciendo tasas de interés altas por sus obligaciones y requiriendo también tasas de interés más altas a quienes le prestan. Esa acción es lo que ha producido el denominado "credit crunch" que golpea al comercio mundial y también al local, al disminuir su financiamiento, lo que refuerza la caída del consumo y de la inversión.

La quinta plaga es el tremendo efecto negativo que ha generado primero la situación del sistema financiero mundial contagiado por la securitización de créditos hipotecarios y otros en Estados Unidos y la perspectiva de recesión internacional. Tanto los activos financieros de los ahorristas e inversores financieros -acciones de empresas, fondos de inversión en monedas, en commodities y otros por el estilo- como los activos reales, sobre todo los inmuebles, los vehículos automotores como los propios valores de las empresas y el de la tierra, han visto caer fuertemente sus precios o los verán y ello ya repercute y seguirá repercutiendo más tarde o más temprano, según las naciones, en el consumo de las familias, en las inversiones y en las recaudaciones impositivas. Y nuestro país no está vacunado contra ello: aquí también caerán los precios indicados, bajarán el consumo y la inversión y, lamentablemente, el desempleo aumentará.

La sexta plaga es el proteccionismo que pese a las recientes recomendaciones del Grupo de los 20 en Washington instando a mantener el libre comercio, ya se observa en todo el mundo e incluso en el propio Mercosur en el que tanto Argentina como Brasil negocian aumentar el arancel externo común. Argentina ya tiene 1.400 productos para los que se debe conseguir autorización especial para su importación.

La séptima plaga es el mensaje que se nos transmite desde el mundo desarrollado y desde alguno de los países de la región. En ésta, Argentina, Bolivia y Ecuador han lastimado los derechos de propiedad privada al reestatizar empresas o al rehusarse al pago parcial de la deuda contraída por el Estado. Desde el mundo desarrollado recibimos noticias sobre acciones intervencionistas comprensibles en algunos casos pero discutibles en muchos otros pues vulneran el libre comercio y confunden, dada la asimetría de la información, a consumidores e inversores y provocan ineficiencias fuertes en sus decisiones. El contagio a nuestro país ya lo hemos tenido y en otros casos está por venir.

LO QUE VIENE. A pesar que los analistas económicos no la plantean en sus respuestas al Banco Central, la recesión en Uruguay será inevitable en 2009. Y ello porque los términos del intercambio se hacen desfavorables y afectan al ingreso de la economía y al gasto a partir de él; porque la demanda externa y la regional caerán; porque la restricción crediticia se hará más fuerte; porque las inversiones que tenían que madurar ya lo hicieron y las que no, seguramente se retrasarán o se suspenderán; porque el gasto público más elevado ante una recaudación que caerá, carece del financiamiento que se debió haber previsto en los momentos de auge de la economía para evitar hoy el riesgo del financiamiento inflacionario y porque no parece que en nuestro país las autoridades se vayan a apartar, al menos por lo hasta acá visto, de conducir a la economía en "piloto automático".

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Foto: El País. 
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