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La política monetaria no fue suficientemente contractiva y, por tanto, hoy se presenta un dilema entre inflación y competitividad
JORGE REBELLA
Con motivo de la incertidumbre generada por la actual crisis financiera internacional, ECONOMIA & MERCADO dialogó con el contador Alfonso Lema, socio director de Deloitte, y el economista Pablo Rosselli, director de dicha consultora, acerca de las perspectivas de la economía uruguaya para el año próximo, en el que coincidirá una desaceleración de la actividad económica local con un período electoral. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Está la economía uruguaya preparada para hacer frente al impacto de la crisis financiera internacional?
Alfonso Lema-La economía uruguaya está mucho mejor preparada para enfrentar una crisis externa en esta oportunidad que lo que lo estaba un decenio atrás. En el frente fiscal, el país ha mantenido un superávit primario importante. A fines de los años noventa, luego de un período de expansión que no tenía antecedentes en varias décadas, el resultado primario era nulo y se tornó deficitario con el inicio de la recesión. Ahora hay una meta de superávit primario de 3% del PIB. Si bien, a nuestro juicio, esa meta debería ser más alta en las actuales circunstancias, en principio la situación fiscal luce mejor. La liquidez del sector público también es más holgada y el gobierno aprovechó la bonanza internacional para extender los plazos de la deuda en moneda extranjera.
-¿Cómo visualiza la situación desde la perspectiva del endeudamiento del sector privado?
AL-El sector privado hoy se encuentra menos endeudado. Eso obedece a que a la salida de la crisis bancaria de 2002, el crédito se retrajo fuertemente y demoró mucho en retomar una senda expansiva. Por esa razón, las familias y las empresas no se verían tan necesitadas de recortar sus planes de gasto y de inversión como ocurrió en la crisis anterior. Por la misma razón, en la medida que el crédito bancario al sector privado está en niveles reducidos en términos del PIB, los bancos están menos expuestos a los riesgos de un aumento de la incobrabilidad como consecuencia de un eventual contexto más recesivo. También como consecuencia de que el crédito al sector privado es reducido, los bancos tienen mejores condiciones de liquidez y, a su vez, están menos expuestos a un contagio regional desde Argentina, porque las colocaciones con riesgo argentino no tienen el peso que tenían en 2002 y porque los depósitos de no residentes -que son mayoritariamente de ese origen- representan un porcentaje notoriamente más bajo de los depósitos totales.
-¿Cómo evalúa la política monetaria aplicada en esta crisis?
AL-La respuesta de la política monetaria es diferente a la que vimos en 1999. En aquel entonces, el país tenía un régimen de banda cambiaria que a la postre resultó extremadamente rígido porque condujo a un deterioro extraordinario de la competitividad del país. Ahora el tipo de cambio es más flexible y, aunque hay aspectos que generan preocupación en esta materia, parece razonable pensar que el país no acumulará las pérdidas de competitividad que vimos hace diez años.
-¿Podría decirse, entonces, que la economía uruguaya está blindada contra los shocks de la crisis internacional?
Pablo Rosselli-Si bien pensamos que Uruguay está en condiciones notoriamente mejores para enfrentar este período crítico, eso no quiere decir que estemos a resguardo de cualquier shock externo. Una de las lecciones que nos dejó la crisis anterior es que tan importante como la situación de partida son las respuestas de la política económica. Hoy no sabemos cuánto durará la recesión internacional, ni cuán severa será, ni podemos estar seguros acerca de la magnitud que tendrán sus impactos sobre la economía uruguaya. Será clave, entonces, que el país logre preservar y, eventualmente, mejorar los equilibrios o fundamentos macroeconómicos, tales como situación fiscal, competitividad, etc.
Restricción fiscal
-¿Podría aplicarse una política anticíclica en la actual coyuntura?
PR-No hay demasiado espacio para políticas macroeconómicas marcadamente anticíclicas, estando las mayores restricciones en el frente fiscal. En el transcurso de la actual administración, la política fiscal fue adquiriendo un signo expansivo acompañando a una economía crecía fuertemente. El año pasado, el gobierno anunció una reducción de la meta de superávit primario para 2008 y 2009 desde un 4% hasta un 3% del PIB. En la medida que estamos observando una suba del dólar, que encarece los intereses de la deuda en moneda extranjera, y un aumento de las tasas de interés de la deuda en moneda nacional, un superávit primario de 3% del PIB conduciría a un déficit del orden de 1% del producto. La relación deuda/PIB, que sigue siendo alta, dejaría de bajar. Por eso, sería razonable pensar en fortalecer los resultados fiscales en las actuales circunstancias.
-Con esa restricción en el frente fiscal, ¿qué tipo de política jugaría un papel clave?
AL-Para mitigar los efectos adversos sobre la actividad económica del shock externo, sería ideal una política monetaria más flexible, que permita una mayor suba del tipo de cambio. Sin embargo, aquí aparece otra restricción porque, al menos por unos meses, el gobierno enfrenta el riesgo de que la inflación supere el umbral del 10% anual. Sucede que el shock externo encontró a nuestro país con niveles altos de inflación. Nuestras medidas de inflación subyacente la sitúan en torno de 10% anual. De alguna manera, durante la fase expansiva de los últimos dos años, la política monetaria no fue lo suficientemente contractiva y, por tanto, ahora se presenta este dilema entre inflación y competitividad. Es probable que las presiones inflacionarias cedan significativamente en un horizonte de dieciocho meses, pero a corto plazo -unos seis meses- seguirá estando presente ese riesgo o esa restricción. Ese riesgo limita la suba del tipo de cambio que puede admitir la política monetaria si, al mismo tiempo, el gobierno desea evitar que la inflación supere el 10% anual.
-¿Qué eficacia podrían tener los incentivos fiscales para promover al sector exportador?
PR-Medidas de estímulo fiscal podrían tener costos importantes justamente en un contexto en el cual la meta de resultado primario resulta de por sí reducida. Otra de las lecciones que dejó la crisis del período 1999-2002 es que las devaluaciones fiscales suelen ser muy costosas para las arcas del Estado y que sus efectos sobre la competitividad pueden verse rápidamente diluidos por las variaciones cambiarias que puedan ocurrir por devaluaciones en otros mercados.
-¿Qué instrumentos de política aparecen como los más aptos para mejorar la competitividad de la producción nacional?
AL-La clave para la competitividad está en la política monetaria-cambiaria. La política monetaria debe evitar que se acumulen pérdidas de competitividad contra otros mercados como Brasil, Europa y Australia y Nueva Zelanda, que son competidores en la producción de materias primas agropecuarias. Pero la política monetaria también se enfrenta a la restricción que plantea la inflación, al tiempo que las políticas fiscales y salariales no están contribuyendo con la política monetaria a mitigar esas presiones inflacionarias. El gasto público continuará creciendo a un ritmo importante el año próximo y las subas de salarios acordadas en los consejos de salarios pueden generar presiones adicionales, sobre todo si las empresas encuentran que no tienen incrementos de productividad para absorber los aumentos salariales. De hecho, la economía va a crecer notoriamente menos de lo que se esperaba cuando se fijaron las pautas salariales. Por lo tanto, resultará fundamental la agilidad y flexibilidad con que se apliquen las cláusulas de salvaguardia.
Objetivos fiscales
-¿Es previsible que el gobierno cumpla con los objetivos fiscales previstos para el año próximo?
PR-El presupuesto para 2009 se hizo sobre la base de una economía en expansión. El año próximo, sin embargo, se observará una fuerte desaceleración. Los ingresos tributarios crecerán menos que el gasto. La historia muestra con claridad que en los años electorales no se producen ajustes de gastos, sino que, por el contrario, tiende a observarse un deterioro fiscal. Si no se revisaran los gastos del gobierno central, la otra opción que se presenta es buscar una recomposición de los resultados de las empresas públicas. En el transcurso de 2008, como consecuencia de la crisis energética y de la suba del petróleo, el resultado primario de las empresas públicas se deterioró en una cifra equivalente a 2% del PIB. Eso explica la fuerte caída que tuvo el resultado primario hacia los niveles actuales, de solamente 2% del PIB. Ahora con el petróleo en baja y asumiendo que tendremos lluvias normales, un manejo prudente de las tarifas, con rebajas lentas y graduales, debería permitir una recomposición significativa y rápida de las cuentas públicas. En definitiva, según cómo se manejen las tarifas dependerá que se cumpla la meta de superávit primario. Pero, siendo 2009 un año de elecciones y considerando la desaceleración prevista para la actividad económica, existe un riesgo cierto de que no se alcance la meta.
-¿Será necesario realizar un ajuste fiscal al comienzo de la nueva administración en 2010?
PR- No podemos saber con certeza en qué medida serán necesarias medidas de ajuste en 2010. Eso dependerá de cómo se comporten las cuentas públicas de aquí a entonces, pero también de cómo se vaya resolviendo la crisis internacional. Lo que sí sabemos es que el desempeño de las cuentas públicas es un factor esencial para la confianza de los agentes. Si las cuentas públicas no revierten de forma clara el deterioro observado este año, serán necesarias medidas de ajuste. Pero los inversores no tienen por qué confiar en que esas medidas se adoptarán en 2010 con la debida diligencia y, si así fuera, podría observarse un deterioro importante de la confianza de los agentes en la sostenibilidad de la deuda pública.
-Si se produjese un aumento del déficit fiscal en 2009 debido a una menor actividad económica, ¿cómo se financiaría ese déficit?
AL-Como ya dijimos, es fundamental cuidar las expectativas. El Estado no enfrenta un riesgo significativo de financiamiento de corto plazo. En efecto, el país cuenta con reservas, dispone de cierto acceso al financiamiento en el mercado de capitales interno, aunque a costos altos, y seguramente también podría recurrir al apoyo de los organismos multilaterales de crédito si fuera necesario. El problema no radica en el corto plazo, no está en cómo financiar el déficit fiscal en 2009. La clave es que las cuentas públicas no muestren un deterioro que haga temer a los agentes por la sostenibilidad de la deuda pública, porque eso puede derivar en un deterioro de expectativas. Y si los agentes no creen en la solvencia del deudor, más tarde o más temprano el deudor se va a quedar sin financiamiento.
Inflación
-¿Cuál es la tendencia inflacionaria para el año 2009?
AL-La inflación debería comenzar a ceder el año próximo, principalmente como consecuencia de la caída de los precios internacionales de los alimentos y, en cierta medida, también por una previsible desaceleración de la actividad económica y la demanda interna. Por unos cuatro o seis meses, quizás sigamos viendo niveles de inflación en torno de 9% anual, pero deberíamos ver una inflación bajando hacia el rango objetivo hacia la segunda mitad de 2009.
-¿No es necesario entonces profundizar el carácter contractivo de la política monetaria?
PR-Como la inflación debería ceder, no sería necesario un endurecimiento mayor de la política monetaria. Otras economías relevantes para Uruguay en materia de competitividad tienen menos inflación y, por tanto, les resulta más fácil acomodarse a esta crisis global con mayores devaluaciones de sus monedas. Por eso, parece probable que Uruguay pierda algo de competitividad como, de hecho, ya ocurrió en el transcurso del año. Lógicamente, corresponde al gobierno gestionar el dilema entre inflación y competitividad, pero nos preocupa más la actividad económica de los próximos dos años que la inflación durante el mismo período. Hay más riesgos por el lado de la actividad económica y el empleo que por el lado de la inflación. Si el dólar siguiera fortaleciéndose de manera significativa en el mundo, terminaría siendo más razonable resignar en alguna medida el objetivo. No tendría mucho sentido cumplir esa meta a costa de un deterioro significativo de la competitividad, que a su vez tendría costos en materia de actividad económica y que podría también derivar en un deterioro de las cuentas públicas.
-¿Cuánto estima que crecerá el PIB de Uruguay en 2008 y 2009?
Pablo Rosselli-El producto crecerá este año probablemente más de 11% en la medición promedio anual. Para el año próximo aguardamos una desaceleración importante de la actividad económica. De todas maneras, como la producción subió fuertemente en la primera mitad del año -y estimamos que también lo hizo en el tercer trimestre-, queda un efecto arrastre importante para la medición habitual de promedios anuales. Nuestra proyección para 2009 es de un incremento del PIB del orden de 3,5% en la medición promedio anual, lo cual sería consistente con una expansión muy pequeña, de 1,5%, en la medición punta a punta, es decir en la comparación del cuarto trimestre de 2009 con el mismo período de 2008. Dicho de otro modo, estimamos que la economía mostrará un crecimiento muy reducido el año próximo, que sólo tendría un sustento en la expansión de la demanda interna y del consumo privado, en un marco de suba de salarios. Probablemente, también 2010 sea un año de bajo crecimiento.
AL-A su vez, el sesgo de esa proyección es probablemente a la baja. Hoy no podemos estar enteramente seguros de que el país no verá un escenario de caída de su nivel de producción en algunos trimestres, lo que configuraría un escenario recesivo. Hay factores de riesgo en el frente externo, porque la crisis podría ser todavía más severa y más larga y podría derivar en caídas aún más fuertes de nuestros precios de exportación. Además Argentina tendrá dificultades importantes, pero en este momento es difícil prever de qué manera se resolverán los desequilibrios que se han ido acumulando en ese país. A nivel local, tenemos riesgos en el frente fiscal y de competitividad y la cuenta corriente está mostrando un déficit significativo este año. Si bien hay factores transitorios detrás de ese déficit, en la medida que la demanda interna mantenga un dinamismo importante, en línea con la suba prevista de los salarios, la cuenta corriente seguirá mostrando un déficit apreciable. Hasta ahora, ese déficit se financia sin dificultades con inversión extranjera directa. Seguir contando con financiamiento externo será clave para que se pueda sostener el nivel actual de gasto doméstico.
-¿Cómo vislumbra la evolución del mercado laboral?
PR-El cambio del contexto internacional y el ingreso de nuestra economía en un período de uno o dos años con bajo crecimiento harán que las empresas se tornen mucho más cautelosas a la hora de contratar personal. Los ajustes de salarios que se definieron en las rondas de negociaciones salariales son otro factor que jugará en esa misma dirección. Hay un riesgo de que los ajustes de salarios definidos resulten muy elevados en relación al desempeño de los fundamentos del salario real que, en última instancia, son los precios de exportación del país, la fortaleza de nuestra moneda y las mejoras de productividad.
Con esas incertidumbres, es probable que el empleo muestre cierto descenso en 2009, porque algunas empresas deberán reducir sus plantillas y habrá pocas firmas dispuestas a incrementar las suyas. Si el número de personas que busca trabajo continúa aumentando, lo cual probablemente ocurra el año próximo, el desempleo mostraría cierta tendencia al alza, aunque es difícil dar una proyección precisa.
-¿Qué recomendaciones se pueden formular a las empresas que operan en Uruguay para enfrentar el actual contexto de incertidumbre en materia económica?
Alfonso Lema-Con este marco, sugerimos que las empresas construyan un escenario base y otro de mayor gravedad para los próximos dos años, considerando al menos los posibles cambios en los precios, en la demanda, en la disponibilidad de los recursos y los impactos en la competencia. A partir de allí, deberían analizar los riesgos y definir las iniciativas para mitigarlos, pero, al mismo tiempo, analizar las oportunidades y tomar las decisiones para estar preparados a aprovechar la salida de la crisis. Seguramente, las compañías tendrán que ser más cuidadosas con sus costos porque, por un tiempo, habrá menos oportunidades para licuar costos fijos con más ventas. De todas maneras, los empresarios también deben contemplar que en uno o dos años este período más difícil probablemente quedará atrás. Pensamos que Uruguay se ha vuelto un país más atractivo para hacer negocios, que la inversión seguirá siendo más importante que en el pasado y que, luego de uno o dos años, el país retomará una senda de mayor crecimiento.
-¿Cómo se deben posicionar las empresas en el marco actual?
AL-Deben cuidar su posicionamiento a efectos de aprovechar las oportunidades que se presenten durante la crisis internacional y las que surgirán cuando esta etapa crítica quede atrás, para comprar activos más baratos que apalanquen el crecimiento futuro. En Uruguay sabemos de este tema. La caída del PIB en 2002 fue enorme y, sin embargo, las empresas experimentaron luego un período de crecimiento formidable. Para poder beneficiarse en esas circunstancias, el mantenimiento de la liquidez es fundamental. Asimismo, las compañías tienen que hacer un adecuado balance entre la necesidad de mantener costos bajos para un período de expansión económica reducida y la necesidad de retener sus principales talentos que seguirán siendo escasos en nuestro país, cuya economía ha crecido más de lo que nos habíamos acostumbrado durante décadas. Este es un buen momento para mejorar la capacidad de planificación, identificando alertas tempranas y procurando el mayor alineamiento entre los objetivos estratégicos y la gestión de las operaciones. Las reducciones de costos o la postergación de inversiones -decisiones que los empresarios probablemente tendrán que tomar- no deberían ir en contra de los objetivos de crecimiento de las empresas.
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